lunes, 21 de septiembre de 2020

El alma tiene momentos amordazados

 















La Universidad agotada,  el musgo y la yerba se crece entre el espacio cedido. Las sillas se juntan para leerse unas a otras, los vidrio no reflejan a nadie y el plástico ya no invade los pasillos. 

Dicen que en las noches se escuchan moverse algunos lápiz sobre el papel, que el viento reproduce algunas conversaciones de dos jóvenes, yendo por un café. Las hojas secas del camino han formado una alfombra, esperan el momento justo en que acariciarán los zapatos de los que no se reconocen, y caminarán con la vista perdida, invisibles en su propia casa. 

No sé si la academia ha perdido su forma de lugar. 
A veces creo que me escucha, que puede escucharme mientras le leo un poema, que el abandono es un viento destructor.
Los espacios son siluetas, las siluetas están siempre vacías.
No quiero perder la memoria
No quiero olvidar  el estrecho paso del puente ni el fósil de la chicharra
Mis angustias bajo el sol y mis prisas en la lluvia. 

No acepto dejar pasar inmóviles mis días de estudiante.




Lecturas de marzo 2022

                                  frente a la oscuridad, de un abismo                                                 no puedo dejar de mira...

Crónica de lo que acontece en la Universidad